28 de mayo de 2015

San Romero de América

El pasado día 23 fue beatificado en San Salvador, monseñor Oscar Arnulfo Romero. Nació en Ciudad Barrios  el 15 de agosto de 1917, y murió mártir en  San Salvador el 24 de marzo de 1980.
Pocos días antes de su asesinato pronunció estas palabras:
He estado amenazado de muerte frecuentemente.
He de decirles que como cristiano no creo en la muerte sin resurrección: si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño.
Como pastor, estoy obligado, por mandato divino, a dar la vida por aquellos a quienes amo, que son todos los salvadoreños, incluso por aquellos que vayan a asesinarme.
Si llegasen a cumplirse las amenazas, desde ahora ofrezco a Dios mi sangre por la redención y por la resurrección de El Salvador.
El martirio es una gracia de Dios, que no creo merecerlo.
Mi muerte, si es aceptada por Dios, sea para la liberación de mi pueblo y como un testimonio de esperanza en el futuro.
Si llegan a matarme, perdono y bendigo a aquellos que lo hagan. De esta manera se convencerán que pierden su tiempo.


Con motivo de su beatificación, a los 35 años de su martirio, quiero recordar la entrega de monseñor Romero al servicio de su pueblo salvadoreño desde su ministerio episcopal en San Salvador. He recibido el testimonio de Teodoro Baztán, padre agustino recoleto, que reproduzco íntegramente, ya que yo no sería capaz de expresar mejor lo que experimentó al estar con él.

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               Artículo envíado por Jesús María Peña Peñacoba al Diario La Rioja 


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