7 de abril de 2015

A la sombra de un árbol

Artículo editado por Misioneros del Tercer Milenio nº 153. 

Sor Ángela Martínez de Toda. Misionera Riojana en Madagascar. 


Con toda mi sencillez y humildad, os envío mi testimonio. Yo salí para Madagascar, y lo primero nada más llegar, fueron unos meses para aprender la lengua nativa, a la vez que el francés. Pronto me dieron el destino, y con mucha alegría me fui a Tsihombe Androy, región dedicada a los misioneros españoles que habían llegado unos años antes. Una vez allí, una comunidad de tres Hijas de la Caridad me esperaba.
Organizamos el trabajo juntamente con el Padre misionero y empezamos a visitar los poblados que ya habían venido a expresar su deseo de tener una escuelita. ¿Quién iba enseñar?. Nadie sabía leer ni escribir, por la falta de medios. Escribimos a nuestras hermanas Hijas de la Caridad de la provincia de San Sebastián, que lograron enviar, durante varios años, contenedores con cosas que recogían por los colegios y de gente de buena voluntad. 
Empezamos a contactar con todos aquellos que tenían interés, hombres y mujeres, jóvenes y niños. Viendo también la necesidad de atenderles en la salud, nos hicimos con unas maletas llenas de los medicamentos más usuales. Así, a la vez que se desarrollaba la enseñanza, se fue abriendo un dispensario para medicina de primera necesidad. A las madres se les explicaba cómo cuidar a sus hijos... Nos animaba el interés que ponían en todo y cómo seguían lo que se les decía Vimos desde el principio  la gracia de Dios en ellos y en nuestra persona. 
Hoy en día, de todas aquellas escuelitas que se empezaron a la sombra de un árbol, enseñando el abecé, han salido sacerdotes, así como médicos, ingenieros , etc, tanto en chicos como en chicas. Actualmente son colegios con enseñanza hasta la reválida , y hay muchos alumnos que siguen en la Universidad. En aquel entonces la mujer estaba por debajo del hombre, no tenía derecho a la palabra, casaban a las chicas de 12 años con hombres ya mayores, existía la poligamia...
Hoy todo eso va cambiando; a las chicas las dejan estudiar igual que a los chicos y tienen los mismos derechos. Siempre hay quien no da su brazo a torcer y sigue las costumbres ancestrales, pero son los menos. 
La Iglesia en Madagascar, con sus 22 diócesis, tiene mucha fe. Hay mucho clero nativo y cantidad de vocaciones sacerdotales, religiosos y religiosas. Somos pocos los misioneros que quedamos. 
En septiembre, tendrá lugar aquí el encuentro nacional de los jóvenes; se esperan  más de 5.000. Recemos juntos para que sea un encuentro serio con Dios y aprovechen los días. 
Con todo cariño. 


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