29 de octubre de 2012

Fragmento de una carta de José Alfaro. Nepal.

                                                                                                                                                                                   
"En  una ocasión escuché a una persona seria y sesuda que eso de estudiar las lenguas del pueblo en las misiones había pasado a la historia…Vas con tu inglés o francés y si alguien quiere hablar contigo que lo aprenda… Mi experiencia va por otro costado y te asegura que me ha ido bien. He dejado la India y allí han quedo montones de trabajos de muchos años, gramáticas, diccionarios, todo a mano, cantidad de esfuerzo para acercarte lo más posible a los hermanos indios.
Echemos cuentas: 28 años por Argentina, antes de los 20 por la increíble India. Si “me planto a los 95 me quedan todavía  otros 20 para seguir haciendo escuelas en Nepal. Aparte de tu lengua madre, y las lenguas comunes para andar por casa, latín, inglés, francés e italiano, allí por los estecos argentinos, trabajé con mucho interés el quichua santiagueño, escribiendo  un par de obras para el aprendizaje en las escuelas. Ya en la India, en kerala, ataqué al malayalam y al tamil, lenguas “asquerosamente difíciles”. En Jharkhand, otras dos, el hindi y el mundari, especialmente la segunda a la que tengo singular cariño por su dificultad y el tiempo que le he dedicado. Y ahora en Nepal, otro par el santalí y el nepalí, del que ya he acabado de pasar al español la cuarta gramática, amén del diccionario doble, que es lo primero que  hago en todas, y así poder rezar con la gente, celebrar la Eucaristía y predicar en su lengua.
Y no te lo vas a creer, pero no tengo chispa para las lenguas, ni memoria, ni salero para lo pronunciación. Pero tengo dos secretos: uno, no se lo digas a nadie es el método machaca, repetir, repetir y repetir hasta que se ablanda la mollera, y el segundo… pues el segundo es que le rezo a mi amigo y profesor P. Pedro Recuento, el no va más en cuestión de idiomas, y le pido la mitad de su espíritu, como Eliseo a Elías.
Tengo que decirte otra cosa. Y es que esto del estudio de las lenguas es una terapia sicológica fenomenal. Primero, porque estás siempre ocupado y no pierdes un segundo, con objetivos lindos por los cuales trabajar. Y segundo, más importante, que mientras piensas en lo que significan esos garabatos de las lenguas, te olvidas de la tentación de envenenar al constructor que te estás robando, o de asesinar a ese bendito cristiano que te está haciendo la pu… blicidad.
Así que, hermano, si tienes malos pensamientos… comienza por el sanscrito…"

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