23 de marzo de 2017

Desde Perú. Teresa Faulín. Misionera del Divino Maestro


Muy queridos amigos de la Delegación de Misiones.
De todos es bien conocida la situación que estamos viviendo en este querido Perú, pues la magnitud ha llegado al ámbito internacional.
Las Misioneras del Divino Maestro tenemos una comunidad en Miramar, un Centro Poblado a veinte minutos al sur de Trujillo, una de las zonas más afectadas del Perú.
Toda esta zona es desértica, de hecho, no llueve nunca y por tanto no estábamos preparados para un fenómeno así. 
El agua ha bajado por las pistas sin asfaltar  (estamos ubicados en un terreno con gran declive) arrasando todo a su paso. Provocando zanjas pronunciadas que han llegado a producir el derrumbe de viviendas de adobe.
Los desagües han colapsado y ahora que ya la arena absorbió el asida ser las lluvias los residuos de los desagües corren por las calles con el consiguiente olor y riesgo de enfermedades, sobre todo para los niños.
Llevamos más de una semana sin agua, con un calor muy fuerte. Algún día pasa por las pistas que menos afectadas han sido un camión cisterna y la gente sale con baldes a recoger un poco, siempre insuficiente.
El pueblo peruano es solidario, sobre todo los más necesitados que comparten desde su pobreza, pero también hay gente que se aprovecha de esta desgracia, los precios se han duplicado en productos de primera necesidad que ahora mismo son alimentos y materiales como plásticos, calaminas...)
Las clases se han suspendido hasta nuevo aviso. Las hermanas (somos cuatro) es poco lo que podemos hacer, pero al menos estamos con la gente.
En las fotos se puede ver como el colegio quedó cubierto por más de medio metro de barro. Tuvimos que ingresar por el techo pues la puerta estaba bloqueada tanto por dentro como por fuera. Con la ayuda de la gente pasamos horas sacando el barro y agua. En la casa igual, pero gracias a Dios ahí sólo agua pues por la ubicación un poco más alta no llegó el barro.
¿Qué más decir? Una gran desgracia para muchos hermanos nuestros, un pueblo, lamentablemente acostumbrado a sufrir. Algunos de ellos que no han perdido mucho porque nunca lo tuvieron, pero eso poco que han perdido era todo lo que tenían. 
Lo más urgente es ayudar en la reconstrucción de algunas viviendas y alimentación para algunas familias muy humildes
Un abrazo para cada uno junto con mi agradecimiento por su recuerdo y oraciones
Teresa Faulín, Misionera del Divino Maestro

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