14 de julio de 2016

ENTRE GUERRAS, TERREMOTOS Y REFUGIADOS En la Jornada dedicada a los Misioneros Riojanos – 10 de julio

No he pensado si tengo miedo. Hay tanto por hacer, tantas personas con las que estar…” Lo decía sonriendo Rodrigo, un cura chileno que vive desde hace cuatro años en Alepo (Siria) entre bombardeos y tiroteos. A la pregunta de la periodista contestó que los cristianos sirios viven en una Iglesia martirial y añadió que “vivir un cristianismo acomodado y mundano nada tiene que ver con el Evangelio”.
Isabel es misionera riojana. La conozco desde hace muchos años. Está en Camerún y, entre otras muchas actividades, participa en el programa de acogida que su diócesis tiene con los refugiados que llegan de Centroáfrica. Dice que el objetivo es que se integren en la sociedad camerunesa, que no se sientan extranjeros; han descubierto que el modo más efectivo de que los refugiados y las comunidades de acogida colaboren consiste en incluir a estas últimas en los programas de ayuda humanitaria.

Juan José es obispo de Bangassou, en Centroáfrica. Grita angustiado que su país está bañado en sangre por conflictos internos a los que no son ajenos los países europeos y la pasividad de los 12.000 soldados de la ONU, cascos azules, que deberían defender al pueblo desamparado y no hacen nada por él. Soldados bien pagados por la ONU (por lo tanto también por el gobierno español), que viven en la República Centroafricana como sobre una montaña de dinero y que se escaquean tristemente. 

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