16 de junio de 2014

Noticias Especiales

Una vez que he podido bajar de la “nube” voy a tratar de contaros algunos sentimientos de cómo viví la FIESTA.
Juntar en una misma celebración el cumpleaños y las Bodas de Oro sacerdotales no es coas de todos los días. Sinceramente soñaba con pasar un día “sencillo” para poder centrarme ante la presencia del Señor y seguir escuchándole interiormente. Pero “mi vida” veo que no me pertenece, además de ser del Señor, es también de mis hermanos y  hermanas. Con muchos días de anticipación sentí pasos de reuniones “extrañas”. Estaba claro que había que “dejarse querer”. Con una cierta resistencia interior le dije al Señor: No permitas que te robe lo que es tuyo. Y los pasos cada día se sentían más cercanos… Hasta que llegó la víspera.
Habíamos cenado y nos disponíamos a retirarnos a la sala de la comunidad, cuando escuchamos la explosión de un cohete; estaba claro que estaba armada toda la fiesta.

Nos dirigimos al salón parroquial. Aparentemente estaban a oscuras, cuando estallaron de repente los aplausos y gritos de felicitación. Me entregué de lleno a sus alegrías, no había escapatoria. Nada menos que estaba un grupo de Mariachis que rompió con sus notas musicales a llenar el ambiente de alegría y más alegría.

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