12 de julio de 2011

Experiencia





Los barundi recuerdan con cariño el paso de los sacerdotes misioneros por Rwisabi. Escribo esta crónica desde nuestra querida Misión Diocesana en Burundi en donde estoy pasando tres intensas semanas llenas de recuerdos y rodeado de cariño por todas partes, escuchando saludos, recibiendo recuerdos, recordando acontecimientos, riendo con los niños, llorando las ausencias, compartiendo penas, cantando y danzando en celebraciones que nunca se hacen largas porque están llenas de alabanza a Dios en quien confían. Surgen también interrogantes ante tanta miseria que los misioneros tratan de combatir.
En Rwisabi trabajan tres sacerdotes colombianos paúles que viven el espíritu de San Vicente de Paúl intensamente; el amor a los pobres lo manifiestan en todas sus acciones y en su propia vida.




Esta región vivió la violencia y las matanzas de 1995-1996; después, durante diez largos años, su gente ha soportado con temor la situación de una aparente paz. En el espacio de nueve meses, dos sacerdotes nativos, párrocos de Rwisabi en diferentes momentos, fueron asesinados: André, en la misma casa parroquial - junto al cocinero y un vigilante nocturno -, y Sylvestre, además de párroco nacido en la misma parroquia. Podemos seguir diciendo que la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos. Un territorio en el que las vocaciones escaseaban ve ahora con inmensa alegría y esperanza la presencia de 22 seminaristas (cuatro ya en el seminario mayor). Estoy seguro que la sangre de André y Sylvestre tienen mucho que decir en este incremento vocacional. El testimonio sacerdotal es siempre eficaz.




Solamente en estos días se han confirmado en Rwisabi más de 1.500 jóvenes; han hecho su primera comunión alrededor de 340 niños y adolescentes; se han casado 40 parejas, y todos recibieron antes el sacramento de la Reconciliación. En cada una de las misas dominicales hay una asistencia de más de 2.500 personas. Es simplemente un dato más del vigor de esta Iglesia burundesa que sigue buscando el perdón y la reconciliación.
El próximo año se cumplirán 50 años del comienzo de nuestra presencia en esta entrañable parroquia de Rwisabi. Desde este mismo año es parroquia madre, ya que una de sus sucursales ha sido erigida nueva parroquia. Es otro de los frutos del trabajo continuado de tantos sacerdotes que han vivido en esta Misión. En 1987 los sacerdotes barundi se hicieron cargo de la actividad pastoral. Desde el año 2002 son los padres paúles quienes están al frente con muchos proyectos y deseos de servir.
Los riojanos seguiremos pendientes de este rincón de Burundi y será para nosotros un punto de referencia de modo especial es este año del cincuentenario.




Jesús María Peña Peñacoba - Delegado diocesano de Misiones



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