Varias Hermanas de la Obra Misionera de Jesús y María ofrecieron su testimonio en la oración vocacional, el viernes día 17 en la Iglesia de San Bartolomé de Logroño. Compartimos sus testimonios
Soy
Hermana Heppian Nainggolan, de la Obra Misionera de Jesús y María. Nací en
Sumatra, Indonesia, el 1 de enero de 1992. Éramos siete hermanos pero dos de
ellos ya fallecieron. Yo soy la mas pequeña. Éramos una familia católica pero
no muy practicante. Sólo íbamos a la iglesia los domingos. Mi padre es empleado en una fábrica de papel,
situada en otra provincia. Normalmente venía a casa dos veces al año. Mi madre
es ama de casa y campesina.
En mi
casa llevábamos una vida normal, con los problemas normales de ca
da familia,
porque somos muchos hermanos, y vivíamos en pobreza, pero la verdad es que
tuvimos una infancia muy feliz.
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Desde
esa experiencia yo solo quería terminar pronto mis estudios para poder entrar
en el convento y ser feliz como ellas. Así se lo decía a mi familia, que
siempre me apoyaron, especialmente mi mamá.
Me
interesé por conocer la vida consagrada y comencé a relacionarme con una monja que
había en mi pueblo y me gustaba escucharla cuando me hablaba de la vida
religiosa.
Cuando estaba
en el Bachillerato, tuve un accidente muy grave y la gente pensaba que me
moría, pero gracias a Dios, Él me protegió y solo tuve una hemorragia ocular.
Uno de
mis hermanos se había ido a un convento y no pudo continuar su vocación,
regresando a casa bastante enfermo.
Entonces
yo había terminado el bachillerato y tenía intención de ir a cumplir mi deseo
de ser monja, pero mi familia me pidió que me quedara para ayudar a mis padres
a cuidar de mi hermano. Me costó mucho pero por amor a mi familia así lo hice,
y busqué un trabajo. A los dos días de empezar a trabajar mi hermano falleció.
Eso fue muy duro y le decía al Señor, ¿por qué tan pronto?, pero al mismo
tiempo lo vi como una prueba.
Yo
nunca había oído hablar de las Hermanas de la Obra Misionera de Jesús y María,
pero un día, una monja que trabajaba conmigo me presentó esta Congregación y me
dio el nº de teléfono. En marzo de 2010 llamé por teléfono y aunque muy
nerviosa hablé con una de las Hermanas. Ella me preguntó si quería ser monja y
yo respondí muy contenta que sí, pero que en Kupang era muy lejos. La hermana
me dijo que si yo quería de verdad, no había ningún problema. Tenía algo en mi
corazón, pero ese día no estaba tan segura de mi respuesta.
Seguí
mi contacto con esas hermanas y me gustaron y decidí ir con ellas. Cuando lo
dije en mi familia se asustaron porque yo desde pequeña decía que no quería ir
lejos de ellos, pero aunque les costó, respetaron mi decisión.
En
junio, una hermana vino a visitar y conocer a mi familia y en julio me fui al
convento. Estaba muy contenta con las hermanas y mis compañeras, pero echaba en
falta a mi familia.
En
octubre, tuve una nueva dificultad. Falleció mi padre, tan solo un año después
de mi hermano. Fue muy duro. Otra prueba más, y aunque con mucho dolor yo lo
veía como voluntad de Dios. Le decía al Señor: “Señor, es muy difícil, pero si
es tu voluntad, dame fuerza para aceptarlo”.
Luego
mi hermano mayor también entró al convento de los Capuchinos.
Soy muy
joven en la Vida Consagrada, solo llevo un año de profesión, pero soy feliz en
mi vocación. Para mí es un don muy grande del Señor. Soy feliz porque el Señor
me amó, me llamó y me eligió. No puedo explicar por qué quería esta vida, solo
que me sentía como enamorada de Él.
También
estoy muy contenta de estar aquí en España con mis Hermanas y de poder
participar aquí con vosotros.
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