
Desde hace cuatro días estoy viviendo en Burundi una bonita y enriquecedora experiencia. Lo más doloroso es no encontrar a tantos y tantos colaboradores con quienes compartí, hace ya una treintena de años, mis primeros años de ministerio sacerdotal. Burundi y la misión de Rwisabi, que se prepara a celebrar sus primeros 50 años de vida, fueron para mí años de duro y sólido aprendizaje que rememoro estos días. La pena, vuelvo a repetir, es la ausencia...